TERRA IGNEA: EL CUENTO MODERNISTA PERUANO
EL CUENTO MODERNISTA PERUANO
Por Armando Arteaga*
Una rápida aproximación hacia la problemática del cuento modernista peruano nos lleva inevitablemente a la reflexión de que nuestro recordado profesor y crítico literario Alberto Escobar, autor de ese importante libro “La partida inconclusa”, es quien mejor ha definido esta forma, tan natural, de identificar el aspecto formal y estructural del cuento modernista peruano, como una “invención de la realidad”, tan creativa y destacada, en el contexto histórico de la literatura peruana. "La partida inconclusa! de Alberto Escobar.
Alberto Escobar, en el Prólogo de “Cuentos Peruanos Contemporáneos” (Ediciones Peruanas S.A. Lima, 1958), explica ese aporte, este leid-motiv, que siempre encontramos en las diversas obras de nuestros narradores modernistas:
“El siglo XIX difundió un modelo, casi un método, de trasladar lo real de lo literario. Era una suerte de reproducción pictórica: paisaje, escenario, personaje y luego acción. A ellos correspondían las descripciones de la realidad, el retrato de los personajes, y la narración de la trama”.
Es más, Alberto Escobar, caracteriza e identifica esta “matriz” usada también en la narrativa peruana por otras tendencias literarias (aparte del “modelo descriptivo” de esta prosa modernista nuestra que analizamos). Se verifica este concepto de “matriz” además para otras escuelas: “En la literatura peruana esquema semejante vale para románticos, costumbristas, naturistas, modernistas; vale incluso para el primer movimiento indigenista”.
No resulta fácil “separar el trigo de la paja”, por momentos o etapas. Hay escritores que predicen varias escuelas a la vez, lo que resulta de gran dificultad para encontrar una variable típica para cada tendencia literaria. Pero, es lo más concreto, que ha dicho Escobar, es tal vez la expresión más certera de lo que podría ser lo determinante en el cuento modernista: la disposición de su propia poética, el “anhelo de la perfección formal”.
Un refinamiento de la sensibilidad a intentado siempre con énfasis el lenguaje modernista en su proceso literario, en todos sus caracteres, y en parte también, por el aporte individual de los modernistas peruanos, segùn Alberto Escobar: “El mundo de la obra no es construido sobre la base del escenario externo, sea paisaje, personaje o acción, lo es, más bien, de adentro hacia fuera, del espectro psíquico, individual y singularizador, a la realidad que lo circunda como ámbito propio”. Esta apreciación de Alberto Escobar, que es acertada por ser certera, eleva nuestra estimación por el cuento modernista, por supuesto, a falta de una visión analítica notoria sobre el asunto del contenido latente de aquel lenguaje narrativo de este discurso modernista: lleno de esteticismo, y de una cultura artística tomada de la pintura, la música y la escultura, llena de símbolos de elegancia plástica donde se exalta al cisne y al pavo real: como iconos, llena de voluntad de estilo, de innovaciones formales entre la prosa y el verso, y de un culto de nuevas sensaciones cercanas al impresionismo y a la sinestesia: invadida de un refinamiento de la imaginación, hasta llegar al exotismo.
El “lenguaje modernista” está siempre ligado con nuestros hábitos del pensamiento, en cierto sentido “lenguaje” y “pensamiento” no son sino una misma cosa. Exotismo modernista, que vagabundea por lo geográfico: el helenismo, el orientalismo, y un refinado afrancesamiento. La búsqueda de una tendencia en lo literario por el simbolismo, por el parnaso y por el decadentismo; el preciosismo y el demonismo, que desembocará siempre en la consagración del escritor “raro”. Expansión psicológica hacia lo mórbido, una exaltación de la fantasía, una tendencia hacia la mitología (reconocida y localizada dentro del modernismo): clásica, nórdica, medieval, bíblica, y precolombina. Extiende su perspectiva, una predisposición por la narrativa fantástica: exaltación de la vida espiritual y el misterio de las cosas. Evasión hacia otros mundos, individualismo artístico, desazón personal, sublimación de la enfermedad: el mal del siglo, y dialéctica del contraste: vida-muerte, virtud-pecado, carne-alma, paganismo-religiosidad.
La actitud del escritor modernista, en nuestro medio, ya lo vislumbró Max Henriquez Ureña en su “Breve Historia del Modernismo (México, Fondo de Cultura Económica, 1954): “Modernista era todo el que volvía la espalda a los viejos cánones y a la vulgaridad de la expresión”. No hace falta decir que el contenido mismo del lenguaje modernista está íntimamente ligado con la cultura “anormal” de la psicología humana donde se exalta siempre la libertad absoluta del artista y el escritor.
Esta revisión es espontanea, acepto, y es un inventario, muy panorámico, sobre uno de los más destacados acontecimientos de la narrativa modernista peruana, y sobre la morfología lingüística de este arte libre, donde siempre llama la atención el aporte literario de estos “modernistas tardíos” de nuestra literatura peruana: con sus respectivas obras publicadas, sus incongruencias, sus propuestas, y sus aportes temáticos, expresados por el sentimiento individual de cada uno de ellos.
El brillo literario de nuestros narradores modernistas peruanos no está en discusión, muy a pesar de que todavía a algunos de ellos torpemente se les a morigerado sus méritos, y algunos “críticos” torpes y bisoños: han ninguneado e ignorado los aportes particulares desarrollados por estos narradores modernistas en el proceso literario nuestro.
Un destacado criterio de renovación y experimentación explica Alberto Escobar acerca de la narrativa modernista en su libro “La Narración en el Perú” (Estudio, antología y notas, 1959). El cuento modernista impulsó un destacado esplendor literario en el panorama de nuestra literatura. Alberto Escobar confirma este suceso de la siguiente manera:
"Los cuentos malevos" de Clemente Palma anunciaron la modernidad en nuestra narrativa.
 “Clemente Palma, Ventura García Calderón, y Abraham Valdelomar son considerados nuestros mejores y más representativos narradores modernistas. Ya hemos visto cómo y por qué Enrique López Albujar se distancia de la posición de los anteriores. Permítasenos añadir a esos nombres los de Manuel Beingolea, Enrique A. Carrillo, José Antonio Román y Carlos Camino Calderón, cuya obra pretérita quizás por su escasa difusión, es importante para el estudio que la crítica debe a este fecundo período de nuestra literatura. El apogeo del cuento durante el modernismo es indudable; las condiciones generales contribuyeron a su florecimiento, y a esto se agregó la coincidencia feliz de que en ese periodo alternaron varias de las más celebradas plumas que en nuestro país se han dedicado a su cultivo. El saldo modernista en la narración es fructífero y provechoso; y, dada su vastedad y dispersión, motivada por la cantidad de diarios y revistas de existencia efímera, que por entonces circulaban, hasta hoy sólo conocemos una parte y el balance definitivo queda por hacer. Pero aún así es factible asegurar algo más: ninguna de las direcciones de la literatura peruana de este siglo puede ser enjuiciada al margen de sus conexiones con el modernismo”.
La Antologia "Cuentos" de Esturado Nuñez recoge lo mejor del cuento modernista. Estuardo Nuñez en el Prólogo de “Cuentos” (Biblioteca de Cultura Peruana Contemporánea, Tomo X., Ediciones Del Sol, Lima, 1963), rescata este momento especial de nuestra literatura al empezar el siglo XX, digamos que es uno de los primeros críticos que llama la atención sobre ese acontecimiento:
“Del examen de los cuentistas modernistas del Perú no podría prescindir quien quiera encontrar las raíces y simientes de donde ha surgido la frondosa, variable y dispar producción narrativa.
En el cuento se mencionan desde el comienzo del presente siglo a Clemente Palma (1872-1946), Ventura García Calderón (1887-1959), Enrique López Albujar, (n. 1872), Manuel Beingolea (1881-1953), pero se postergan en la cita otros nombres de autores que muchas veces no llegaron a editar el volumen definitivo aunque dejaron consignar los nombres de una generación muy pródiga aunque tal vez poco organizada: Aurelio Arnao (1872-1940), José Antonio Roman (1874-1920), José Felix de la Puente (1882-1959), Amalia Puga de Losada (n. 1886), Juan Manuel Polar (1868-1936), Augusto Aguirre Morales (1884-1957), Juan Manuel Osorio (1875-1922), Carlos E. B. Ledgard (1877-1953): autor de Ensueños, cuentos, Iquique (1899), Raymundo Morales de la Torre (1885-1956), Luis Esteves Chacaltana, Federico Blume (1863-1936) y otros autores menores. Ellos insurguieron en cuatro focos principales del país: Lima, Arequipa, Tacna, y Trujillo. Unos quedaron en agraz pero otros promovieron una inquietud sin precedentes, hacia nuevas formas de la narración.
El más valioso legado del Modernismo en el Perú es así un conjunto valioso de prosadores, un tanto influenciados en sus comienzos por los narradores rusos, franceses y anglosajones, Chejov y Maupassant y Poe entre ellos”.
Se pueden hacer diversas hipótesis sobre la “insurgencia modernista” a partir de lo que presume Estuardo Nuñez, y de apertura, para una verdadera visión objetiva sobre esta tendencia de la narrativa modernista con la selección impecable sobre “El cuento modernista” que realizó Estuardo Nuñez. El cuento modernista le abrió las puertas a la literatura fantástica (Clemente Palma), inició el desarrollo de los principios de la problemática técnica de la cuentistica actual (Beingolea y Ventura Garcia Calderón), propuso la opción por la narrativa del humor negro y el terror (Arnao, Enrique A. Carrillo y Miota), y consagró el “boom” de la narrativa policial y del suspenso que inició la obra dispersa e internacional de Manuel Augusto Bedoya (1888-1928) con sus aportes narrativos como “Marck Bull, aventuras de un detective millonario”, “El secreto de Kaiser”, “La ciudad de las brujas” y “La feria de los venenos”. "Las islas azules" de Josè Felix de la Puente anunciaròm los aires norteños de la modenidad.
La tesis de “El Modernismo y el Americanismo” de Francisco Mostajo no despertó en su momento indicado el singular interés mencionado, y que más tarde sí: la conjunción de varios prosistas arequipeños –cercanos-, e invadidos del “impromptu” provinciano modernista.
Las persistentes “Palabras de anuncio” de Mostajo en la muestra de prosistas arequipeños del modernismo “Pliegos al viento” (Ediciones Populibro, Instituto de Extensión Cultural de la Universidad de San Agustín, Arequipa, 1958) anuncian esta apertura desde la posición de la critica, donde se recogen los aportes literarios de escritores tan dispares como: Cayetano Sánchez, M.A. Cateriano, A. Belisario Calle, J. Ignacio Gamio, Jorge Polar, M. Belisario Soto, E. Zegarra Ballón, J: M: Polar, Renato Morales, Francisco Gómez de la Torre, Sixto Morales, Modesto Malaga, Francisco Mostajo, A. Gustavo Cornejo, A. Guinassi Moran, J. Víctor Neira, J.M. González Zuñiga, Eduardo Gómez, Carlos G. Delgado, Augusto Aguirre Morales, R. Zuñiga Quintana, Pedro G. Delgado, Moisés A. Campos, Víctor J. Davila, Alberto Ballon Landa, Juan José Reynoso, y Juan Manuel Osorio.
La arenga literaria de Mostajo tiene aire de reproche y tuvo la misma repercusión en otras provincias del país, sin estridente resonancia, por supuesto: ...“muchos de vosotros os fuisteis, al primer paso, tras el penacho de Vargas Vila, fatal escritor que a los veinte años entusiasma con su altivez agresiva y su fraseo de polemista; pero que, a medida que el criterio se robustece y amplia, vase descubriendo que esa altivez es postura y ese fraseo contorsión decadentista. Sí. Vargas Vila es un luchador porque halla expresión artística en la lucha y porque en esa expresión vibra un tedioso desequilibrio de neurótico, más no, como nuestro González Prada, por indignación olímpica contra el triunfo de las infamias”...
El localismo, de Mostajo, le impedía ver el aporte del cosmopolitismo de Vargas Vila, para aceptar a medias ese reproche digno a favor de González Prada, después del desencanto de la Guerra con Chile promovido por los intereses del capitalismo que patrocinaba Inglaterra a nivel mundial. Antonio Cornjeo Polar hizo la interpretaciòn mnarxista del cuento modernista en su Historia de la Literatura del Perù Republicano.
 Antonio Cornejo Polar en su “Historia de la Literatura del Perú Republicano” (Editorial Juan Mejía Baca, 1981), le dedica un buen segmento a “el cuento modernista”:
“Frente al desaliño o cortedad imaginativa de los costumbristas o realistas, frente a la instrumentalidad manifiesta en sus obras, los cuentos modernistas se postulan –primariamente- como obras de arte y proyectan sobre sí y sobre otras manifestaciones narrativas, una jerarquía que hasta entonces parecía exclusiva de la poesía. De otra parte, en oposición al imperio indiscutido del referente en la narrativa anterior, y a su consecuente afán mimético, el cuento modernista privilegia las categorías imaginarias e inserta en ellas la realización de su condición estética. También en contradicción con las normas hasta entonces vigentes, el cuento modernista peruano gusta romper los limites de la alusión nacional, a veces cerradamente regional, para intentar la universalizaron que en algunas ocasiones se tergiversa en un artificioso cosmopolitismo. La suma de estas notas hace ver que entonces se realiza una profunda renovación de trascendencia indiscutible, en un sector capital de la literatura del Perú”.
Los más destacados representantes del cuento modernista, vuelvo a insistir, me parecen que son por sus atributos literarios y sus libros raros: Clemente Palma (1872-1946), Manuel Beingolea (1881-1953), Enrique A. Carrillo (1876-1936), Ventura Gracia Calderón (1885-1959), Aurelio Arano (1872-1940), Enrique López Albujar (1872-1966, en sus inicios), José Felix de la Puente (1882-1959) y Jorge Miota (1870-1926). Destacan, también, en esta tendencia narrativa: Amalia Puga de Losada, (1866-1963), José Antonio Roman (1874-1920), Juan Manuel Osorio (1875-1922), Carlos E. B. Ledgard (1877-1953), Carlos Camino Calderón (1884-1956), Augusto Aguirre Morales (1888-1957), Federico Blume (1863-1936) y Raymundo Morales de la Torre (1885-1936). Se suman a esta tenaz escuela de nuestra narrativa modernista otros escritores de raigambre descentralizada, venidos del interior sureño del país, desde Arequipa, escritores como: Juan Manuel Polar (1885-1936), Luis Esteves Chacaltana (1888-1911), Renato Morales (1867-1909), Francisco Mostajo (1874-1954), y Alberto Ballon (1888-1946).
De esta narrativa modernista, en el cuento, quedan de este aporte estético, libros excelentes y, piezas cuentistas, de alta calidad literaria (“Cuentos malévolos”, “Cuentos pretéritos”, “Las islas azules”, “Pliegos al viento”, etc.), fecunda actividad social de aquel desencanto y de esa agitación conflictiva. El cuento modernista fue un rasgo de tono mayor para la expresión natural del nuevo vigor literario nuestro, después de la derrota de esa nefasta Guerra del Pacifico.
envio rosina valcarcel
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Por lobogabriel - 23 de Febrero, 2008, 8:49, Categoría: lecturas
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